Higiene bucal en bebés, y la importancia de la lactancia materna en su desarrollo mandibular

01.11.2014 22:22

HIGIENE BUCAL EN BEBÉS

 
La boquita de nuestros bebés, al igual que cualquier parte de de su cuerpo, es muy importante que comencemos a limpiarla cuanto antes. De este modo, una correcta y temprana higiene bucodental en ellos, nos ayudará a evitar la aparición de cualquier tipo de enfermedad en sus encías, así como la posible llegada de las temidas caries en la fase de erupción de sus primeros dientes, o cualquier tipo de complicación en el desarrollo normal de éstos.
 
- Antes de que salga su primer diente de leche:
Limpiaremos y masajeareamos bien y de manera suave las encías de nuestro bebé con una gasa húmeda (de agua tibia) envuelta en nuestro dedo índice o meñique. O también podemos utilizar la puntita de un paño limpio humedecido si nos resultara más cómodo. No sólo estaremos eliminando restos de leche de su boca, sino que nuestro pequeño a la vez disfrutará con nuestro particular masaje bucal. Podemos tumbarlo en un lugar cómodo para él, para nosotros así tener mejor acceso y sobre todo visibilidad mientras lo limpiamos.
Lo ideal sería que repitiéramos estas pautas de higiene después de cada toma, pero puesto que puede ser pesado podemos hacerlo como mínimo una vez por la mañana y otra por la noche. Sin duda, esta última es la más importante ya que durante la noche disminuye el proceso de salivación, y por tanto, aumenta el número de bacterias en la boca. 
                      
 
- Una vez erupcionado su primer diente de leche. Aproximadamente, a los 6 meses de edad:
Podemos seguir utilizando el mismo procedimiento, o podemos innovar comenzando a utilizar un dedal suave de silicona (dedal dental) a modo de cepillito. De esta forma, además de intensificar el masaje en sus encías que ayudará en la estimulación de éstas para la aparición del resto de dientes, el bebé empezará a relacionar ese objeto con la hora de ese rico masaje bucal que corresponde con su hora de 'lavarse los dientes'. Ya estará cada día más familiarizado con la higiene bucal y supondrá menos problema en un futuro cercano el utilizar un elemento nuevo en su higiene diaria como es el cepillo de dientes.
Limpiaremos con sumo cuidado dientes, encías, interior de cahetes, lengua y paladar. Mínimo por la mañana y por la noche. La hora del baño es un momento acorde también para llevarlo a cabo.
                   
 
- A partir del primer año de edad:
Ya estamos en una etapa perfecta para concertar su primera visita con el odontopediatra (dentista especialista en niños). En esa visita, tendrá su primer examen bucodental para confirmar que el proceso de erupción dental se está llevando a cabo con normalidad. El dentista observará sus maxilares y encías y el resto de tejidos bucales, y además de comprobar que la higiene dental está siendo la adecuada, aconsejará a los papis de cuáles son los nuevos hábitos que debe empezar a adquirir el niño. Tanto en higiene como en alimentación (hay que evitar el consumo de alimentos azucarados en su mayor medida), así como en el uso continuado de chupete o biberón. No se debe mojar el chupe ni la tetina del bibe en líquidos azucarados para que el niño esté más calmado, ni dejar que duerma con la toma del biberón. Mantener en el tiempo azúcar en su boca acelerará el proceso de aparición de las llamadas 'caries del biberón'. Un tipo de caries temprano y muy agresivo que ataca los dientes de leche, y del que hablaremos más detalladamente en otro post.
Es hora además de introducir el ansiado cepillo de dientes. Un cepillo de un tamaño adaptado a su edad y con cerdas ultra suaves para no dañar sus sensibles encías. Poco a poco irá desarrollando su destreza con él y su autonomía de higiene. Dejemos que juegue con él (siempre bajo supervisión) pero seamos nosotros quien nos encarguemos de su limpieza. Tres veces al día es lo recomendado, pero insistimos en que el lavado de antes de dormir es el más importante. Si nuestro pequeño no come dulces (lo aconsejable), con utilizar agua de momento será suficiente, pero es necesario que así lo confirme un experto.
La visita al odontopediatra se debe seguir haciendo con una periodicidad de 6 meses si su desarrollo bucal sigue siendo con total normalidad. Dichas citas evitarán además, ese posible miedo irracional del niño a ir a su consulta.
                    
 
- A partir de los 2 años y medio/3 años de edad:
A esta edad, además de haber dejado ya atrás elementos como el chupete o el biberón, nuestro pequeño debe de tener ya todos sus dientes de leche en boca (incisivos, caninos y molares, éstos son los últimos en aparecer). De esta manera, el cepillado ya debe venir acompañado de una pasta dental específica para dicha edad. El dentista nos dará todas las indicaciones pertinentes sobre qué cantidad de flúor (elemento básico para el cuidado dental) necesita nuestro hijo, y por tanto, qué pasta es la más adecuada para él. En el mercado hay multitud de pastas infantiles fluoradas (en mayor y menor concentración) perfectamente identificadas por rango de edad. A menor edad, menor concentración. A mayor edad (más de 6 años), más concentración. 
La cantidad de pasta que debemos poner sobre su cepillo nunca debe ser más grande que la del tamaño de un guisante. Hay que recordar, que lo más importante para arrastrar y eliminar restos de comida y placa bacteriana que hay en boca no es la pasta, si no el correcto cepillado. La pasta es un complemento para fortalecer el mineral del que está compuesto el diente. Sigamos ayudando a nuestro hijo con el manejo del cepillo y con la pasta. Podemos lavarnos los dientes a la misma hora e interactuar con ellos en ese momento como si de un juego se tratase...''¿Quién se lava mejor los dientes?''...Es muy importante enseñarles a escupir tras el cepillado para evitar ingesta de pasta, y por tanto de flúor en su cuerpo. Que vean como lo hacemos nosotros y nos copien. Es sin duda una buena manera para que los más peques de la casa adquieran hábitos de una manera amena y sin apenas darse cuenta.
        
          
 

 

IMPORTANCIA DE LA LACTANCIA MATERNA EN EL DESARROLLO MANDIBULAR DEL BEBÉ

 
De bien es sabido por todos, y en especial por vosotras mamis y futuras mamis, que no hay mejor alimento en la primera etapa de crecimiento de nuestr@s hij@s que la leche materna. No sólo por la enorme cantidad de beneficios nutricionales e inmunológicos que aporta para el perfecto desarrollo de nuestro bebé, y no sólo tampoco por la estrecha relación emocionalmente-afectiva que da comienzo entre mamá e hijo con tal acción, sino que además, estamos ayudando a prevenir posibles futuros problemas en la boca y en la manera de deglutir de nuestros pequeños.
Los recién nacidos presentan todos una retrognacia mandibular fisiológica, es decir, una mandíbula retrasada y pequeña. Durante la lactancia es, por tanto, cuando tiene lugar un avance mandibular (hasta colocar el rodete alveolar de dicha mandíbula paralelo al maxilar superior) para que así se pueda presionar el pezón y salga la leche. El bebé, en la hora de su toma, hace por tanto un continuo ejercio de repetición que va a ayudarle a mejorar todo el desarrollo y crecimiento de su musculatura oral (y también facial), de ambos maxilares y en especial de su mandíbula. Se ha demostrado que los niños que no han tenido lactancia materna presentan más problemas de mandíbula retrasada respecto al maxilar superior, y de maloclusiones (mordidas) dentales. Así que sí señores, podríamos determinar de este modo, que la lactancia materna es el primer aparato de ortodoncia 'natural' de todos nosotros.
                                                                          
 
 
Fuente de información: mamapediatraymas.blogspot.com y clinicadentalavilesyroman.com